Un tercio de los mayores de 65 años españoles sufren al menos una caída al año

Los resultados de un estudio publicado en «Medicina Clínica» muestran que las caídas en las personas mayores tienen una alta incidencia en España y, dadas sus graves consecuencias, constituyen uno de los principales problemas que afectan a la población de edad avanzada.

Las caídas son la primera causa por la que el anciano acude a un servicio de urgencias traumatológicas, se consideran la sexta causa de mortalidad global y la primera de mortalidad por accidente en personas mayores. De hecho, un tercio de los mayores de 65 años se cae al menos una vez al año, con una incidencia que crece según aumenta la edad de la población.

En el presente estudio, de carácter prospectivo y realizado sobre una muestra amplia de población mayor de 65 años, se analiza la incidencia de caídas en relación con diversos factores sociodemográficos y de salud, así como las consecuencias físicas, psicológicas y sociales del accidente.

La incidencia de caídas registrada después de un año alcanzó el 32,1% (el 25,1% en varones y el 37% en mujeres), porcentaje parecido al observado en países de nuestro entorno. Tuvieron caídas múltiples un 3,8% de los varones y un 10,9% de las mujeres. Se encontró una relación positiva de las caídas con la edad, la actividad física reducida, las funciones física y cognitiva disminuidas, las enfermedades crónicas asociadas y con la existencia de caídas previas. Más del 70% de las caídas tuvo repercusión sobre el estado de salud y un porcentaje considerable de casos requirió asistencia sanitaria. En concreto, el 7,7% presentó algún tipo de fractura.

Para los expertos, las caídas de las personas mayores representan un problema epidemiológico de primer orden, del que se derivan secuelas de gran alcance, tanto en términos de salud y calidad de vida como en costes económicos. Es preciso –subrayan los geriatras- continuar investigando desde cualquier perspectiva: mejor cuantificación del problema, identificación de nuevos factores de riesgo para poder definir mejor el perfil de la persona con tendencia a las caídas y realizar ensayos clínicos que permitan demostrar la superioridad de unas medidas sobre otras. También parece razonable que en el abordaje de este problema se tenga en cuenta la puesta en marcha de «unidades de caídas», ubicadas en hospitales de tercer nivel, fundamentalmente en el terreno de la prevención y la recuperación, así como en el de la educación sanitaria a la población mayor y a su entorno más próximo. De todos modos, ante esta cuestión no parece excesivo reclamar una mayor sensibilización social con el fin de mejorar la gran epidemia que representan las caídas en la población de más edad.

Medicina Clínica 2004;122:172-176

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