La prevención y el tratamiento de la infección representa un reto colectivo que se realiza de manera transversal tanto en el ámbito de la mayoría de las Especialidades Hospitalarias como en la Atención Primaria y constituye un indiscutible indicador de calidad asistencial que repercute en el bienestar del individual y comunitario de los usuarios del sistema de salud pública y en el gasto sanitario.