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Prólogo histórico: La traumatología en Galicia

Como sucede con tantas otras cosas en este país del Finisterre, también la especialidad de “huesos”, coloquial término con el que la gente del común conoce esta rama de la medicina, hunde sus raíces en el medievo, época en la que los “sanadores” no darían abasto para remediar la quebrantada salud de las riadas de peregrinos que se acercaba a la tumba del Apóstol por el mítico Camino de Santiago.

Dr. Agustín Sixto Seco No debe olvidarse que el hoy fastuoso Hostal compostelano, sin duda alguna uno de los hoteles de mayor lujo arquitectónico, ocupa desde hace unos cuarenta años el impresionante edificio que los Reyes Católicos mandaron construir en el siglo XVI, al lado de la Catedral, para hospital de peregrinos. Y como tal Hospital Real, sucesivamente confiado a diversas administraciones públicas, se integró en la historia de la medicina gallega colaborando en la formación clínica y quirúrgica que imparte la Facultad de Medicina compostelana.

Sabido eso, nada se opone a admitir que los medievales balbuceos gallegos del tratamiento de las “enfermedades de los huesos y articulaciones” contaran con la cobertura de la Escuela Salernitana, de gran prestigio en la Italia de aquellos tiempos. Nada menos que una de sus máximas figuras, Roberto de Salerno, vive y ejerce la medicina en Santiago de Compostela en los albores del siglo XII, según se deduce de la carta que, por orden del Papa Gelasio, el Cardenal Deusdedit dirige al Arzobispo Gelnúrez avisándole de la súbita suspensión del Concilio que debía celebrarse en Auvemes en 1119. En esa misiva el purpurado romano incluye una curiosa posdata en la que ruega a Gelmírez que dé saludos “a nuestro hermano Roberto” dedicado a la curación de los peregrinos que llegan a Compostela.

Lo cierto es que la Traumatología, como en el resto de la península, tampoco en Galicia tuvo reconocimiento administrativo oficial y siguió enseñándose incluida en los programas de las Cátedras de Cirugía General hasta que en fecha muy reciente, aprovechando la novedosa y eficaz concurrencia hospitalaria de la Seguridad Social, un joven especialista en Traumatología y Ortopedia que ocupa la jefatura de Servicio en dicha Institución, el Doctor J. Couceiro Follente, accede, con rango docente y académico, a una plaza de Profesor Titular adscrito al Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de Santiago.

En realidad la especialidad no aparece regulada en Galicia, ni siquiera a niveles asociativos, hasta el año 1980. Los primeros escarceos se habían iniciado en 1973 de la mano de acreditados especialistas que ejercen en las diversas ciudades gallegas (Miguel Domínguez, en Pontevedra; Conde Corbal, en Ourense; Rafael Hervada y López Romero, en Coruña; Troncoso Rozas, en Vigo) oportunamente convocados por A. Sixto Seco, de Santiago, aprovechando la celebración en Galicia del Congreso Hispano-Luso SECOT-SPOT, que Troncoso había aceptado presidir. Pero la repentina muerte del prestigioso cirujano vigués no sólo dejó decapitado el Congreso sino que pospuso los acuerdos societarios.

La cuestión se retorna años más tarde y son aquellos mismos promotores los que redactan y consiguen que se aprueben los Estatutos por los que desde 1980 se regirá la Sociedad Gallega de Cirugía Ortopédica y Traumatología que, con el conocido acrónimo de SO.GA.C.O.T., se adhiere a la nacional S.E.C.O.T. y echa a andar bajo la dirección de Sixto Seco como Presidente-Fundador.

Desde entonces, con secuencia bianual, la SOGACOT fue presidida por Sixto Seco (80-82); Conde Corbal (82-84); Couceiro Follente (84-86); Rueda Crespo (86-88); Ramos Vivero (88-90); Cigarrán Rodríguez (90-92); Solla González (92-94); Villar González (94-96; Carreño Rodríguez (96-98); Fernández Güino (98-2000); y J.Troncoso Durán (2000-2004). In memoriam, Pepe Troncoso Rozas ocupa la única Presidencia de Honor que hasta ahora concedieron los traumatólogos gallegos.

Rememorando la historia de los últimos cien años, es curioso observar como, espaciadamente y obligados por las necesidades de los tiempos, en Galicia van apareciendo “especialistas en huesos” al irse desgajando del tronco común de la Cirugía una serie de personalidades médicas que, justo es reconocerlo, aprendieran los rudimentos de su especialidad en el regazo de los veteranos cirujanos de la Escuela Médica Compostelana, la mítica “Fonte Limpa”, creada a mediados del siglo XIX, entre otros, por los Profesores Varela de Montes y Maximino Teixeiro, famosos clínicos compostelanos coetáneos de Rosalía de Castro, la eximia poetisa gallega, a la que ambos trataron, uno recogiéndola en el parto y el otro atendiéndola como enferma.

Sin la presencia de venerables figuras como la de Ángel Baltar Cortés, Fernando Alsina, José Puente Castro, Ramón Baltar Domínguez y José Carrero Nine, que simultanearon con la enseñanza la práctica de la Cirugía más avanzada para sus tiempos; o la fugaz y lejana presencia del Profesor Plulachs o la más reciente del Profesor Puente Domínguez en la Cátedra de Santiago, no sería posible explicar la vocación de hombres como Sierra Fomiés, Jorge Echeverri, Troncoso Rozas, Sánchez Trallero, Ramallal Rumbo o Álvarez Álvarez, por citar algunos de los traumatólogos más relevantes de la primera mitad de este siglo, que después de completar su formación al lado de afamados maestros nacionales y extranjeros volvieron a Galicia y se atrevieron a la erección de Clínicas y Sanatorios privados que cumplieron y aún cumplen una función complementaria asistencial y fueron germen de la actual red hospitalaria gallega que absorbe a la mayoría de los traumatólogos, muchos de ellos nietos o hijos de aquellos pioneros o en todo caso sus discípulos, que integran los Servicios de los modernos Hospitales del SERGAS, acrónimo con el que se conoce al Servicio Galego da Saúde desde que Galicia recibió las transferencias sanitarias.

En Galicia, felizmente, tanto en la enseñanza como en el ejercicio de la Traumatología, también han cambiado las cosas. De tal modo que la secular carencia de instalaciones que a veces ocasionó esperpénticas situaciones asistenciales, ha sido sustituida por una impresionante infraestructura sanitaria diseminada por todo el País Gallego, con especial presencia de modernos complejos hospitalarios que sirven de referencia para la práctica y la investigación de la especialidad.

La Licenciatura de Medicina y Cirugía sigue ofreciéndose en la veterana Facultad de Santiago, la mítica “Fonseca” que ahora ya no está tan “triste y sola” como en la canción de la Tuna estudiantil, porque encuentra ayuda en los modernos Complejos Hospitalarios del Sergas, algunos de los cuales ya pueden impartir docencia de posgrado.

En unos y otros centros, complementados en la asistencia sanitaria con la que ofrecen acreditadas Instituciones Privadas (“La Rosaleda”, en Santiago; “Modelo”, “San Rafael” y “Santa Teresa”, en A Coruña; “Domínguez”, en Pontevedra; “Povisa” y “Fátima” en Vigo; “Hospital Cardona”, en Fenol; o “Polusa”, en Lugo, por citar las más antiguas y conocidas), completan su formación y trabajan actualmente los traumatólogos con ejercicio en Galicia.

Una pléyade de veteranos y jóvenes especialistas que se reúnen anualmente en el Congreso Regional que convoca la sociedad científica que los acoge a casi todos ellos, más de trescientos según el censo de socios que reviso; una relación que en ese momento y como si quisiera demostrar en los apellidos la diversidad de origen de tantos profesionales, se abre con la curiosidad alfabética de un Abad Casas que ejerce en Ferrol y se cierra con un Zupicich Vilacich que trabaja en Ourense.

Dr. Agustín Sixto Seco